Privado por construcción.
No es una casilla que se pueda desmarcar por accidente: el escaparate lee de qué clase es la cuenta que publicó cada curso, y uno de empresa no puede llegar a él aunque todo lo demás diga que sí.
Los cursos de una cuenta de empresa son privados: no aparecen en la galería, no se venden y no los ve nadie que usted no haya sentado. Su inducción, su procedimiento de seguridad, su manual — dentro de una sala y con examen calificado.
No es una casilla que se pueda desmarcar por accidente: el escaparate lee de qué clase es la cuenta que publicó cada curso, y uno de empresa no puede llegar a él aunque todo lo demás diga que sí.
Se apunta la dirección de cada persona y se la sienta en los cursos que le tocan. Entra con esa misma dirección y encuentra lo suyo esperándola; hasta entonces la plaza está comprada y guardada.
Logotipo, firmante, cargo, firma escaneada y color: el diploma sale con su identidad. El folio, la nota y la verificación los pone el sistema, que es lo que hace que valga algo.
Una sola cadena, y sólo un eslabón cuesta dinero.
Con tarjeta, desde 20 dólares. No caduca y no hay que decidir de antemano cuántas plazas usará.
Publicar no cuesta nada, y el curso no llega a ninguna galería: lo impide de qué clase es su cuenta.
Diez dólares por persona y curso, una sola vez. Repetir el asiento no vuelve a cobrar.
Su logotipo, su firmante y su firma. El folio y la verificación los pone el sistema.
Se paga por asiento: una persona en un curso, diez dólares, una sola vez. Publicar el curso no cuesta nada, y no hay cuota mensual.
Sentar a la misma persona dos veces en el mismo curso no cobra dos veces: el asiento está identificado por la persona y el curso, así que repetirlo no hace nada. Volver a hacer el curso, tampoco.
Se pone dinero en la cuenta con tarjeta, desde 20 dólares, y se gasta al sentar a alguien. No caduca. No se convierte en efectivo, y no hay que decidir de antemano cuántas plazas se van a usar.
Avance, intentos y nota por persona y por unidad, desde el primer día y sin instalar un LMS. Quien decide si está aprobado es el intento guardado en el servidor, nunca el navegador del alumno.
Un curso de la galería se compra, no se sienta: se paga su precio y el acceso es de quien lo compró. El asiento de diez dólares es para los cursos que publique usted.
Se entra con Google y se elige de qué clase es. Nada más: el nombre y el correo los pone su cuenta de Google, verificados, y no hay ningún formulario que rellenar.